EL TESTIMONIO DE LA OBRIENSE QUE SUFRIÓ UN INTENTO DE FEMICIDIO
25/07/2018
02:45 AM

Luciana se acuerda de todo. Del momento que salía del trabajo minutos después de las 18 hs, de cuando caminaba por la vereda y vio que su ex pareja se bajaba del auto en el que la esperaba, del segundo en que el hombre sacó el arma y le apuntó al cuello. De cuando sintió el primer impacto y cayó al piso. Dice que del segundo tiro que le entró por la espalda cuando ya estaba tirada no tiene registro, pero sí recuerda muy bien lo que le dijo a la primera persona que se acercó para auxiliarla: “El que me hizo esto es Fabián Taghón y vive en Barrio Real. Vayan a buscarlo”.

Pasaron dos meses del instante en que la obriense Luciana Dinardi volvió a nacer. Ella tiene 29 años, pero su segundo nacimiento, como ella misma lo cuenta, fue el 22 de mayo pasado. Ese día el hombre con quien estuvo casada durante diez años la esperó varias horas adentro del auto a la salida de su trabajo en Junín y cuando la vio venir se bajó, se acercó y le disparó dos veces. Creyendo que había cumplido su objetivo de asesinarla, Taghón fue hasta su casa y se suicidó. Ese desenlace fatal fue el final de una historia de denuncias y restricciones que de manera increíble ningún organismo oficial pudo prever.

“A ésta la voy a matar, algún día la voy a matar”. La amenaza la sabían todos, es que el propio Taghón, también obriense, policía de la bonaerense, se lo había dicho a sus compañeros de trabajo en varias oportunidades por mensajes de texto. También a la propia Luciana, quien nunca creyó que podía llegar hasta ese extremo pero que igual lo denunció. Nada importó. A pesar de todas las sospechas, ninguna autoridad pudo evitar el plan macabro.

Hay cinco grados de temperatura en Junín y el viento mueve con fuerza las ramas de los árboles, pero Luciana recibe a Clarín en su casa con una remera negra de mangas cortas: “Disfruto del frío”, dice. Hay que prestar mucha atención para ver en su cuello las pequeñas cicatrices que le quedaron producto de la bala que ingresó por delante y salió por detrás. El trayecto de aquel disparo, según Dinardi, estuvo guiado por su hermano, una especie de ángel de la guarda que la cuida desde el cielo desde hace algunos años cuando tuvo un accidente de tránsito: “Los médicos me dijeron que pasó a un milímetro de la aorta y a muy poquitito de la carótida. Si me tocaba una de las dos me hubiese muerto seguro, me salvé de milagro”.

Durante una década la pareja estuvo casada, pero fue recién en los últimos meses que ella comenzó a sentir que la relación había cambiado. Que el trato que recibía no era el mismo y que si bien nunca le había pegado ni levantado la mano, sí ejercía violencia psicológica: “Empezó a decirme que mi sueldo como enfermera no servía para nada, que yo no servía para nada. Me trataba de prostituta porque creía que salía con otro hombre, algo que no era cierto. Sospechaba de todas mis actividades, de mi familia, de mis amigas. Estaba transformado”.

Luciana entonces tomó la decisión de pedirle un tiempo, que se alejaran para ver si se extrañaban y si de esa manera podían recomponer la situación: “Yo lo amaba”, asegura. Fue a una psicóloga para tratar de volver a sentir lo mismo que sentía cuando lo conoció: “Creía que el problema podía tenerlo yo, pero no”. Taghón en cambio comenzó a violentarse más y más: “Un día me dijo que se iba a suicidar si lo dejaba y dos días más tarde lo encontré en casa tirado con frascos abiertos de pastillas que decía haber tomado. A la semana de eso me mandó un mensaje diciendo que me iba a matar”.

Lo primero que hizo entonces fue denunciarlo en el juzgado de familia, donde le dictaron una insólita restricción de 25 metros: “¿Sabés lo que hacía? Calculaba a ojo la distancia y me seguía a todos lados. Lo hacía con su auto, me miraba desde una esquina. No me dejaba en paz”. Lo segundo que hizo Dinardi fue lograr que a Fabián lo internaran en un neuropsiquiátrico: “Cuando supe que estaba ahí adentro fui hasta la comisaría y les entregué las tres armas que tenía en la casa. Las recibieron pero no me hicieron firmar ningún papel ni tampoco quedó registrada esa entrega”.

Sólo una semana estuvo internado el hombre. Fue su hermana la que dijo que se haría cargo de cuidarlo y le firmó el alta médica. No bien salió de allí Taghón fue hasta la oficina policial, donde reclamó que le devolvieran las armas que sabía que estaban allí. Se las dieron todas, como si nada. A pesar de las advertencias y de la carpeta psiquiátrica que el policía tenía y por el cual no iba a trabajar.

Con una de esas armas, el hombre fue hasta el lugar de trabajo de Luciana, en la Clínica Centro, a metros de la plaza principal de Junín. El ataque quedó registrado por una cámara de seguridad que filmó todo y que se ve en un video que dura 18 segundos. Luego fue a su casa y se suicidó. Antes, el policía había dejado escrita una carta para su hija -que había tenido con una pareja anterior- en la que se despedía. Lo tenía todo planeado.

Luciana no tiene secuelas de lo que le pasó. Habla y se mueve normal, como cualquier persona. No tiene miedo, tampoco pesadillas cuando duerme. No hace tratamiento psiquiátrico y dice que está tranquila: “Cuando estaba en el hospital me contaron que Fabián se había quitado la vida y ahí me relajé. Desde ese momento volví a recuperar la calma y la paz”.

No llora ni se quiebra en su relato: “Nunca quise que esto terminara así. Traté de recuperar la relación, pedí que lo internaran, que se curara, no estaba bien. Hice la denuncia, pero nada de todo eso sirvió”, cuenta la mujer que a las dos semanas del hecho volvió a trabajar a la clínica. También regresó al curso de cocinera profesional donde sus compañeros la recibieron con un inmenso ramo de flores: “Por momentos no soy consciente de lo que viví, pero estoy segura de que mi cumpleaños ahora lo festejo dos veces”.

FUENTE DE LA NOTA: CLARÍN.
VIDEO: TELEFÉ NOTICIAS.

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